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El primer ministro finlandés rechaza en Madrid la política de bloqueo a los extremistas

“Me preocupa el populismo en casi todos los países de la UE”

A Finlandia le inquieta el auge de la extrema derecha en Europa. Juha Sipilä (Veleti, 1961) es primer ministro del país nórdico desde 2015 y prevé presentarse otra vez en los próximos comicios parlamentarios de abril de 2019 por el Partido de Centro (de corte liberal), justo un mes antes de unas elecciones europeas decisivas para el futuro de la Unión. Sipilä dice estar preocupado por “el extremismo y el populismo en casi todos los países de la UE”, dice en una entrevista el pasado jueves en Madrid con EL PAÍS en el marco de una visita oficial preparatoria de su presidencia rotatoria de la UE que tendrá lugar durante la segunda mitad de 2019.

“La situación es especial en Suecia y hay dificultades en Italia. Formar un Gobierno en España fue doloroso, y en Alemania la situación es mucho más difícil que hace unos años”, enumera en referencia a los obstáculos que encuentran los partidos tradicionales para formar Gobiernos estables. Sipilä, que hace tres años tomó la decisión de incluir a los xenófobos Verdaderos Finlandeses (VF) en su Gobierno por haber sido la segunda fuerza más votada, critica la política de bloqueos que está llevando a cabo Suecia tras unos resultados inéditos en los comicios del pasado 9 de septiembre. “En Finlandia, nuestra actitud hacia los partidos populistas [VF] es que ellos también tienen que tener responsabilidades en el Gobierno (…) Darles responsabilidad es algo que está también en la opinión pública”, justifica.

Defiende que es un asunto doméstico, de Estocolmo, pero explica que en sociedades donde hay una arraigada tradición de Gobiernos de coalición como son las nórdicas, la política de bloqueos, en este caso a los Demócratas Suecos —sobre los que pesó durante años un cordón sanitario (aislamiento pactado) por parte de los partidos del establishment—, no funciona. En Finlandia hizo falta sólo media legislatura para que los VF quedaran finalmente relegados a un segundo plano del Ejecutivo. “Los populistas ofrecen soluciones simples a problemas muy complejos. Pero esto, cuando estás en el Gobierno, no es tan fácil”, explica.

Hay que ir más allá y analizar de dónde viene el populismo y, sobre todo, el incremento de su apoyo a lo largo y ancho del continente. Sipilä aboga por que los Gobiernos se “miren al espejo” y se pregunten por qué el proceso de toma de decisiones —de cada Estado miembro y de la UE— ha sido tan lento. “¿Por qué no se han hecho las reformas necesarias? ¿Por qué no se ha solucionado la crisis migratoria?”, dice para concluir: “La mejor herramienta para combatir el populismo es acelerar en las reformas”.
La cuestión de la OTAN

El actual primer ministro pretende repetir mandato en 2019. Unas elecciones en las que convocar un referéndum de pertenencia a la OTAN no está entre sus prioridades, como el combatir el cambio climático o la economía digital, confiesa. “No lo necesitamos [una consulta sobre entrar en la Alianza Atlántica]”. En su opinión, la mejor postura para Finlandia es la de ser un país no alineado con la OTAN (aunque sí colaboren juntos), que mantiene una estrecha colaboración con Suecia (que tampoco pertenece a la organización militar), y que ha sabido mantener una relación estable con Rusia, con la que comparte una frontera de algo más de 1.300 kilómetros de longitud.

A pesar de que el país se ha dejado algo menos del 1% del PIB por culpa de las sanciones económicas interpuestas por Bruselas a la UE —que Sipilä apoya “al 110%”, dice al tiempo que condena firmemente la anexión de Crimea en 2014—, Finlandia ha encontrado ya nuevos mercados en China y Japón donde colocar los productos que antes se comercializaban en Rusia, como por ejemplo la leche, bien por el que el país ha calculado unas pérdidas de unos 100 millones de euros, según el Ministerio de Economía. Helsinki, sin embargo, quiere volver a la senda del diálogo entre Bruselas y Moscú y el primer ministro pide más entre ambos bloques. “Me reuní la semana pasada con Medvédev [Dmitri Medvédev, primer ministro ruso]. El diálogo es importante”, ilustra lacónico.
Dudas sobre Italia

Italia es demasiado grande para caer y demasiado grande para ser rescatado, reconoce Sipilä al ser preguntado. Finlandia pertenece al ala de los países más duros del club del euro que, liderados por Holanda, tienen reticencias a una reforma de la moneda única que predica el presidente francés, Emmanuel Macron. Helsinki —de manos del exministro de Finanzas, Alexander Stubb, hoy candidato del Partido Popular Europeo (PPE) a presidir la Comisión, junto al alemán Manfred Weber—, ya fue duro durante la crisis griega y los sucesivos rescates financieros al país heleno, y hoy tiene dudas sobre el plan presupuestario de Italia.

“Va en contra de nuestra mentalidad”, resume. Sipilä explica que, precisamente dado el buen ciclo económico por el que atraviesa la eurozona, este seria el momento adecuado para hacer reformas “difíciles”. Es decir, ajustarse el cinturón. “La situación económica ayuda a tomar decisiones difíciles”. Y no a dibujar cuentas expansivas, como hizo Roma la semana pasada.

Ante el plan de déficit del Gobierno populista italiano de la Liga, liderada por Matteo Salvini, y el Movimiento 5 Estrellas (M5S), por Luigi Di Maio, de establecer un déficit del 2,4% —en contra del 1,6% que sugería Bruselas—, el mandatario finlandés es escéptico: “Si los Estado miembros no cumplen con lo que han establecido de manera conjunta, es imposible llevar a cabo reformas”, zanja.

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