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Brazil's right-wing presidential candidate for the Social Liberal Party (PSL) Jair Bolsonaro gives his thumbs up after casting his vote at Villa Militar, during general elections, in Rio de Janeiro, Brazil, on October 7, 2018. (Photo by Fernando Souza / AFP)
Brazil's right-wing presidential candidate for the Social Liberal Party (PSL) Jair Bolsonaro gives his thumbs up after casting his vote at Villa Militar, during general elections, in Rio de Janeiro, Brazil, on October 7, 2018. (Photo by Fernando Souza / AFP)

El ultraderechista Bolsonaro gana las elecciones en Brasil

“Vamos a poner un punto final a todo activismo en Brasil”. Jair Bolsonaro, el candidato del Partido Social Liberal (PSL) y de la elite económica, los blancos pudientes, la clase media descontenta e incluso los pobres que lo ven como un “mito”, ya alzó su voz. Ha quedado a las puertas de la presidencia al obtener el 46,2 % de los votos y dejó en claro cómo quiere gobernar. “No podemos coquetear con el socialismo o el comunismo. Ellos fundieron a los bancos, destruyeron a los fondos de pensión”. Su posición es inmejorable y prácticamente imbatible de cara al segundo turno del 28 de octubre. “Bolsonaro larga con fuerza”, señaló O Globo. Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT), llegó casi al 29% de los sufragios al escrutarse la totalidad de las mesas electorales. “La democracia está en peligro”, fue lo primero que dijo. Para Haddad, “esta elección pone muchas cosas en juego. Vamos a enfrentar este debate. Queremos enfrentarnos con mucho respeto, con un solo arma: el argumento”, dijo HaddadHaddad necesitaría todos los votos de Ciro Gomes (centroziquierda,12,5%), las escasas adhesiones recibidas por Marina Silva (ambientalista y Guilherme Castro Boulos (izquierda), los sufragios de los moderados y aquellos que votaron en blanco (6%) o anularon su sufragio (3,7%) si quiere tener una mínima esperanza. Demasiado. En la noche del domingo los analistas de los principales diarios coincidían en que solo un verdadero milagro político le permitiría a Haddad revertir lo que parece irreversible.

“Es mejor que se acostumbre”. El lema de campaña de Bolsonaro -que miles de brasileños han impreso en sus camisetas con la imagen del capitán en la reserva que simula disparar un arma- no fue en su día concebido para atraer a más simpatizantes sino como aviso a quienes siente aversión hacia él. A partir de ahora, les advierte la consigna, ellos, los reticentes, tendrán que aceptar la realidad de la derechización del país. Los primeros síntomas del viraje erizan la piel. Seguidores del candidato del PSL compartieron en redes sociales fotos y vídeos de armas de fuego con las que entraron a las cabinas de votación. Por su parte, Rodrigo Amorim, el responsable de haber destruido en Río de Janeiro una placa en homenaje a Marielle Franco, la legisladora izquierdista asesinada el 14 de marzo, fue elegido diputado. Dilma Rousseff no pudo obtener una banca en el Senado: salió en cuarto lugar. En cambio, y a todo con los signos de los tiempos, Eduardo Bolsonaro, hijo mayor del capitán en reserva, se convirtió en diputado más votado en la historia de Brasil.

Si Bolsonaro no se ha impuesto en la primera vuelta es porque los estados del nordeste, donde el PT es muy fuerte, atenuaron un poco los efectos del “tsunami”, como lo llamó un comentarista de la cadena televisiva Bandeirantes. La fuerza electoral de Bolsonaro fue sorprendente en los estados de Sao Paulo (53%), Río de Janeiro (59%) y Minas Gerais (49,4), así como tras regiones del sudeste proclives al conservadurismo. La “ciudad maravillosa”, bajo intervención militar, bendijo en las urnas una política represiva incluso más dura que la decidida por el presidente interino Michel Temer. Fue en las calles de Río de Janeiro, la cidad del capitán de reserva, donde comenzaron los festejos que luego se extendieron por Sao Paulo.

Unos 95 millones de brasileños acudieron a las urnas para elegir también a los gobernadores de 26 estados y Brasilia, el distrito capital, 513 diputados y 54 senadores, en las elecciones que ha vivido el país más polarizadas desde que el gigante suramericano recuperó la democracia en 1985. Se ha roto el consenso de animadversión hacía los que significó la dictadura que se inició en 1964. Bolsonaro, con sus apologías, ha creado las condiciones para que se rescriba la historia. A lo que representa políticamento lo llaman “movimiento”.
Cadena de frustaciones

“Pobres y ricos votarán por él, pero hay que decir con claridad que este domingo nuestras elites lo han adoptado y le darán bases de apoyo, teniendo perfecta noción de los peligros que representa. La vergüenza inicial ha pasado, el apoyo ahora es abierto, con la excusa de evitar ‘el otro extremo`”, señaló Tereza Cunivel, columnista de Jornal do Brasil. La recesión que se hizo palpable a partir del 2013 y terminó con un golpe institucional contra Rousseff, tres años más tarde, convirtió a un personaje esperpéntico como Bolsonaro en el depositario de las frustraciones sociales de diversa índole. Ha sido visto como el verdadero “macho alfa” y “salvador” de quienes ya no consumen como antes, están hartos de la violencia y los discursos igualitaristas o recelan de las tradiciones culturales que adjudican a un marxismo solapado.

Por eso ha contado con el apoyo de las poderosas iglesias evangélicas, el sector agroexportador y otras agrupaciones conservadoras. Tuvo además la simpatía de los medios de comunicación más influyentes. Pero su campaña se desarrolló fundamentalmente en las redes sociales y, como gran novedad, a través del Whatsapp, la vía principal de las ‘fake news’.

El excapitán es considerado el candidato de las Fuerzas Armadas y no solamente por el hecho de llevar como vicepresidente a Hamilton Mourao, un general retirado que defiende la potestad castrense de volver a intervenir en asuntos políticos. El jefe del Ejército, el general Eduardo Dias da Costa Villas Bôas, tuvo un rol crucial en las decisiones judiciales que sacaron al expresidente Luiz Inacio Lula da Silva, actualmente preso, de la carrera electoral. El general Sérgio Etchegoyen, actual ministro jefe de Gabinete, es, por otra parte, considerado en realidad el verdadero “hombre fuerte” del actual Gobierno de transición que hizo todo lo posible para herir políticamente al PT.

“Es la primera vez que la extrema la derecha en Brasil se legitima a través del movimiento de masas”, señala el politólogo Roberto Amaral. O, como dice otro analista, Alvaro Caldas, en Carta Capital: el “fascismo” puede legitimarse a través del voto. “El odio no sirve para nada”, previeneo Lula desde la cárcel.

el periodico

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