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Aziz Asbar. Una bomba estalló en el coche de Aziz Asbar camino del trabajo, el sábado pasado por la mañana. Se llevó la vida del científico, uno de los responsables del programa de armamento avanzado sirio, y de su guardaespaldas.
Aziz Asbar. Una bomba estalló en el coche de Aziz Asbar camino del trabajo, el sábado pasado por la mañana. Se llevó la vida del científico, uno de los responsables del programa de armamento avanzado sirio, y de su guardaespaldas.

El asesinato de un importante científico sirio apunta a Israel

El ‘New York Times’ sugiere que detrás del atentado está el Mosad, el servicio secreto israelí

La última pista del cadáver del espía Eli Cohen

Una bomba estalló en el coche de Aziz Asbar camino del trabajo, el sábado pasado por la mañana. Se llevó la vida del científico, uno de los responsables del programa de armamento avanzado sirio, y de su guardaespaldas. El ‘New York Times’, basándose en un alto funcionario de la inteligencia hablando bajo condición de anonimato, ha sugerido este martes que detrás del atentado está el Mosad, el servicio secreto israelí. No es la primera vez que ocurre algo así.

Asbar murió en Masyaf, provincia de Hama, cerca de su casa y de uno de los centros de desarrollo de armas más importantes para el gobierno de Bashar Asad. El fallecido era uno de sus jefes y algo más: tenía acceso a las más altas esferas en Siria e Irán. Era uno de los cabecillas del infame Centro de Investigación de Estudios Científicos (CIEC), que impulsó trabajos en armamento nuclear, químico y biológico. Lideraba, además, un programa armamentístico altamente secreto conocido como Sector 4.

De acuerdo con el ‘New York Times’, entre las labores de Asbar estaba la producción de misiles guiados de alta precisión tipo Tishrín, basados en el Fateh-110 de factoría iraní. Una de sus características es su rango de impacto amplio respecto a modelos anteriores, razón que, se da a entender, motivó la intervención de la inteligencia hebrea. El científico asesinado actuaba, asimismo, como uno de los enlaces entre Asad y su aliado Irán en el campo de la producción de armas y del desarrollo de tecnología militar.

Un funcionario de esta alianza, citado por el rotativo estadounidense, concluye que se mató a Asbar por su rol prominente en el programa sirio de misiles, previo al estallido de la guerra, en 2011. Se cree que el investigador había estado también involucrado en el controvertido programa de armas químicas en las instalaciones de Al Safir, a las afueras de Alepo. En los últimos tiempos, aparte, trabajaba en la construcción de unas nuevas instalaciones subterráneas en sustitución de otras bombardeadas por Israel.

El Gobierno de Benjamin Netanyahu ha golpeado reiteradamente arsenales, fábricas y laboratorios de desarrollo armamentístico sirios. Cazas israelíes bombardearon la sede del CIEC en Masyaf en setiembre de 2017. El 22 de julio pasado lo volvieron a hacer para evitar que Siria lo reconstruyera con soporte iraní. Habían actuado incluso antes del conflicto. En 2007, una explosión atribuida al Mosad acabó con 15 sirios e iraníes en las instalaciones del CIEC en Al Safir. Israel nunca confirma sus ataques.

El suceso acaecido el pasado sábado recuerda a las operaciones de asesinato perpetradas por Israel a lo largo y ancho del globo desde hace décadas, llamadas por su Gobierno, eufemísticamente, “tratamiento negativo”. Según la fuente reseñada por el ‘New York Times’, la de Aziz Asbar es la cuarta ejecución extrajudicial israelí, en tres años, contra un ingeniero armamentístico en el exterior. Irán culpa a su ‘archienemigo’ de haber matado a seis científicos en su suelo, principalmente expertos en materia nuclear.

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